La popularidad de las patatas fritas podría estar relacionada con su efecto en el cerebro, según explica el doctor Manuel Viso, especialista en medicina interna. En un reciente video, Viso detalla cómo el sonido crujiente de este aperitivo activa la dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer, lo que puede llevar a un consumo excesivo.
El médico señala que el «combo perfecto» de textura, sabor y sonido engaña al cerebro, impidiendo que se sienta saciado. Este fenómeno, conocido como saciedad sensorial específica, hace que la señal de saciedad se retrase, permitiendo que las personas continúen comiendo más de lo necesario.
La combinación de estos factores convierte a las patatas fritas en un alimento altamente adictivo, lo que puede tener implicaciones para la salud de las personas mayores, quienes deben ser conscientes de su dieta y consumo de snacks.