La crisis energética en Europa, acelerada por la invasión de Ucrania por Rusia, ha llevado a una drástica reducción en la compra de gas y petróleo a Moscú. Esta situación ha provocado que Estados Unidos se convierta en el principal proveedor de combustible para la industria europea, bajo la administración de Joe Biden.
Sin embargo, la reciente tensión generada por la política exterior de Donald Trump ha despertado preocupaciones entre los expertos en energía. Aseguran que los 27 países de la Unión Europea podrían estar en riesgo de depender de una nación que muchos consideran un potencial enemigo.
Este cambio en el panorama energético tiene implicaciones significativas para la economía europea y, por ende, para los ciudadanos, incluidos los jubilados y las personas mayores, quienes podrían enfrentar costos más altos en servicios básicos debido a la inestabilidad del suministro energético.